Un francés en Perú quiere revolucionar el mundo de la moda desde la cárcel. Thomas Jacob ha creado ‘Pietà’, una marca de ropa que rompe con los esquemas tradicionales y ya es reconocida por su calidad y rebeldía. 


Por Jhonny Valle. Fotos Andrés Valle

 

I

Rosa Luz Apaza está sentada en un rincón del taller de tejido recordando el instante en que el juez dictó su sentencia: 30 años de prisión por secuestro y tráfico de niños. Pero ella niega los cargos y jura su inocencia. Está en el penal de mujeres Santa Mónica, en Chorrillos, al sur de Lima. Aquí ocho mujeres confeccionan chompas, polos, guantes y gorras y hacen los bordados de ‘Pietà’ (‘Piedad’, en castellano). “Todos a mano”, explica el creador de la marca: Thomas Jacob, un francés de 26 años que ama el mar.

“Me demoro una semana en hacer una chompa. Me gusta tejer, lo hago desde niña. Vivo de esto”, cuenta Rosa Luz, madre de dos hijas a quienes no ha visto desde su encierro. 

 Más que una empresa, este proyecto es una oportunidad para los que cumplen una condena: por participar en el taller le rebajan un día de condena, además reciben un porcentaje del atuendo que se vende.

Se trata de prendas sin etiquetas, ni tallas, unisex, hechas con materiales orgánicos y diseños exclusivos que ya se están comercializando en Norteamérica y Europa. Un proyecto que incluso ha llamado la atención del reconocido fotógrafo de modas Mario Testino y del diario español El País, que le ha dedicado una entrevista a Thomas. Más que una empresa, este proyecto es una oportunidad para los que cumplen una condena: por participar en el taller le rebajan un día de condena. Además reciben un porcentaje del atuendo que se vende.

Entre los crochés y Rosa Luz hay un vínculo especial: teje para no caer en depresión, teje para olvidar que aún le quedan 28 años sin libertad. Teje para mantenerse viva y de pie.

 −¿Qué es lo que más extraña de afuera?

−A mis hijas, porque no las veo hace dos años.

−¿Y no la llaman?

−Yo las llamo, pero no es igual que abrazarlas y decirles cuánto las amo− enmudece. Su sonrisa se transfigura hasta convertirse en una mueca de dolor. Baja la mirada. Una lágrima intrusa cae sobre la chompa que teje durante esta mañana de cielo plomizo en la capital peruana.

II

La primera vez que pisó una cárcel fue en Perú, en junio de 2012. Llegó por invitación de una amiga para presenciar la obra teatral ‘Notre Dame de París’ de Víctor Hugo. Thomas quedó tan fascinado con la cordialidad y hospitalidad de los presos que todos sus prejuicios se derrumbaron al instante. Conversando con ellos supo que existían herramientas de costura y zapatería. Y, claro, personas talentosas que han sabido perfeccionar sus técnicas a punta de soledad y arrepentimiento.  

Sin rodeos propuso su proyecto a las autoridades del Inpe (Instituto Nacional Penitenciario): crear una marca que rompiera con los esquemas tradicionales, con prendas bordadas y tejidas a mano; diseños que no se repitieran y prendas que pudieran vestir tanto hombres como mujeres. Ellos aceptaron con tranquilidad, sin pensar que aquella iniciativa se expandiría en poco tiempo y llegaría a países como Estados Unidos, Dinamarca, Alemania, España e Italia, donde ‘Pietà’ ya tiene un público cautivo.


−No quiero que la gente compre por lástima, quiero que la gente compre la ropa porque es de primera calidad.

“Para mí esto es un reto humano”, dice Thomas, quien se ha rebelado desde siempre: renunció a la carrera de derecho para estudiar diseño gráfico, y abandonó el romanticismo parisino para vivir en medio del caos limeño. Prefiere pasar más horas en prisión capacitando a los reclusos que en su casa en San Isidro escuchando música electrónica.  

−No quiero que la gente compre por lástima –explica con su castellano masticado−, quiero que la gente compre la ropa porque es de primera calidad.

La empresa que ha formado este francés, que bien podría estar vacacionando en las playas más exclusivas del mundo, está calculada al milímetro. Más allá de que el nombre de ‘Pietà’ - venerada escultura de mármol del italiano Miguel Ángel donde se observa a la virgen María sosteniendo a Cristo muerto- suene melodioso, tiene un motivo:  

−‘Pietá’ representa al destino, a la voluntad de Dios –explica.

III

En el taller de zapatería del penal San Jorge, en el Cercado de Lima, un poster del narcotraficante colombiano Pablo Escobar Gaviria nos da la bienvenida.

Jonathan León, de 30 años, coge el martillo con la sutileza de un zapatero experimentado. En el taller de zapatería del penal San Jorge, en el Cercado de Lima, un poster del narcotraficante colombiano Pablo Escobar Gaviria (en realidad es el actor Andrés Parra) nos da la bienvenida.

Este ambiente es un oasis en medio de la frialdad que expulsan los barrotes oxidados. Una radio pequeña es su única ventana al exterior, lo único que les hace saber a los presos que el tiempo avanza.

−Cometí el error de aceptar una invitación, hermano. Robamos un camión de medicina. 

Yo me vestí de policía. Por cometer esa locura, mira, estoy acá –cuenta Jonathan. Lleva más de 4 años en esta prisión, sufriendo la ausencia de su hijo a quien no vio nacer; pensando si su esposa algún día se cansará de seguir visitándolo y rezando para que sus padres sigan vivos el día que recupere la libertad.

Cada pieza que confecciona junto a sus otros dos compañeros tiene, más que un valor económico, una gran carga emocional. Cuando arma una zapatilla, dice, trata de hacerlo como si fuera para algún miembro de su familia. “Así me inspiro y motivo doblemente”, acota.

 −¿El encierro? ¿Qué es el encierro? No sé, es algo muy triste, pero esto nos distrae. Saber que estos productos llegarán a otros países me motiva.−precisa Jonathan.

El francés, de aspecto tímido, sabe de sus pecados. Sabe que aquella mano que ahora aprieta para despedirse alguna vez hizo daño. Sabe también que existe el  arrepentimiento y luego el perdón. Eso que en la biblia se llama ‘resurrección’. No es gratuito que en lo polos de ‘Pietà’ haya confeccionadas frases como: ‘Sicario, arrepiéntete. Cristo te ama’ o ‘hambre, violencia, muerte, silencio’.

IV

Cuando ellos salgan en libertad, comenta Jacob, piensa contratarlos para continuar con el negocio. Quizá en la comercialización o distribución de la ropa. Eso sí, los productos de ‘Pietà’ se seguirán confeccionando en los penales. “Ahí radica la mística de estas prendas”, apunta.

Detrás del error está el arrepentimiento, detrás del arrepentimiento está la fe y detrás de la fe hay una convicción. Thomas está convencido de que los renglones torcidos se pueden enderezar. Convencido, también, que entre el mar y la cárcel no hay mayores contradicciones, aunque...  

−Aquí hay más paz que afuera.