Con su triunfo en el Festival Eurovisión, uno de los más importantes del mundo en materia musical, Conchita Wurst demostró que es más que una atracción de circo o una estrategia mediática para llamar la atención. En Copenhague se ha hecho historia.

Por Sergio Alzate

 

I

Emocionada, al saberse ganadora, los ojos se le llenan de lágrimas. Se ha convertido en la mujer más famosa en Europa. Con 290 puntos, Austria, su país de origen, se alza con la victoria. Ella permitió que tras 48 años los austriacos pudieran volver al primer puesto.  Pero no solo sus compatriotas la aplauden. Los presentes en el complejo industrial –acondicionado para el evento− la ovacionan. Ese mar de colores que ondean la celebra a ella: Conchita Wurst.

Su vestido beige con pedrería dorada refulge bajo los reflectores y los flashes. Su cabello castaño –entre marrón y rojo− también brilla. Los miembros de su delegación le aplauden, le dan la mano, la aprietan, la abrazan. Ella no sale de su estado de shock. Parece que respira con dificultad. Temblorosas las manos, llorosos los ojos, incrédulos los labios. Conchita ganó y en la emoción se estriega la barba.

II

Antes de ganar tuvo que presentarse en el escenario. Una mole de pantallas leds con forma de cristal o de cubo, según como se le mire. Las luces del escenario apuntaban a una mujer, envuelta en una semipenumbra. La voz, grave, empezó a resonar. Waking over rubble/ Walking over glass/ Neighbors say we’re trouble/ Well that time has passed. La cámara, hasta ese momento distante, hizo zoom hacia ella. Con la lentitud de los grandes acontecimientos, el enfoque se achicaba hasta un primer plano del rostro. La oscuridad se disipaba levemente en él y antes de poder captarlo enteramente la cámara se alejó  hasta un plano general de la escena.

Rise like a phoenix, se encendió la voz y con ella el fondo. Un rojo inundó las pantallas y la cámara regresó hasta la cara escurridiza. Unas cejas gruesas y delineadas, una nariz recta y un poco ancha, unos pendientes plateados, unos labios rosas y un mentón bien dibujado aparecieron en la pantalla. También una barba. La de ella.

Rise like a phoenix/ Out of the ashes/ Seeking rather than vengeance/ Retribution/ You we’re warned/ Once I’m transformed/ Once I’m reborn/ You know I will rise like a phoenix/ But you’re my flame. Y al terminar de cantar el coro el público se alzó en una algarabía aprobatoria.

Unas cejas gruesas y delineadas, una nariz recta y un poco ancha, unos pendientes plateados, unos labios rosas y un mentón bien dibujado aparecieron en la pantalla. También una barba.

Con desparpajo, Conchita dominaba el escenario. Sus ojos, entre retadores y coquetos, miraban de frente a la cámara. Sin miedo. La mano derecha sosteniendo con seguridad el micrófono y la izquierda moviéndose grácilmente como una cobra. El coro una vez más explosionó. Rise like phoenix… Y tras ella, en el fondo, unas alas rojo fuego lamían las pantallas. Ella era el fénix. Ella renacía desde sus propias cenizas en frente de los millones de ojos que la observaban.

El fuego –que emanaba virtualmente, pero también de su cuerpo y de su boca al subir a esas notas tan altas como sus ilusiones− brotaba de su espalda y parecía ser capaz de elevarla por los aires.

Los únicos abucheos son contra aquellas naciones que pidieron vetar a Conchita Wurst: Ucrania, Bielorrusia y Rusia (esta última infame por sus políticas en contra de los homosexuales)

But you’re my… flaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaame. Y del escenario salieron llamas reales  y del público bitores que se entremezclaban con estas. Thank you so much: dijo Conchita. Su actuación –la número once entre veintiséis actos de distintos países− llegaba a su fin. Solo le restaba saber lo que aún no sabía en ese instante: que iba a ganar Eurovisión 2014.

III

 

En Suiza, en el año 1956, se dio inicio a Eurovisión, el festival musical más importante de Europa y probablemente del mundo. Siete países participaron en esa primera edición: Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Suiza, el anfitrión. La victoria, en aquella ocasión, se quedó en casa.

Desde entonces, anualmente se lleva a cabo esta competencia que nació como forma de reunificar a los países tras la Segunda Guerra Mundial.

Cincuentainueve ediciones han sido celebradas hasta ahora. El número de países participantes ha incrementado. De diferentes culturas, latitudes europeas e idiosincrasias. También los idiomas son variados: inglés, francés, ruso, español, italiano, macedonio, estonio, rumano, entre otros de las diferentes familias lingüísticas de este continente.

En Copenhague, Dinamarca -una ciudad distante, fría, que tal vez para nosotros no diga mucho o nada-, se ha hecho historia. Se rompieron los moldes tradicionalistas de lo físico y sexual. 

Los ganadores también han sido diversos. Desde los países occidentales hasta aquellos del Este, hijos de la antigua Unión Soviética. De Escandinavia a los Balcanes.  Pero para ganar primero debe conquistarse el voto europeo. Los países participantes, individualmente, votan por sus diez canciones favoritas (la mitad de la elección viene por jurados en cada nación y la otra mitad por el voto del público). Doce, diez, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos y uno. Esos son las diez puntuaciones con que se premia cada acto. Al finalizar la velada, el país con mayor puntaje gana. Y se hace merecedor de realizar el certamen al año próximo en su territorio.

Para el 2015 será realizado en Austria. Gracias a Conchita Wurst y los 290 puntos de su victoria.

IV

De nacimiento Thomas Neuwirth. De alterego Conchita Wurst. El nombre da igual. Lo mismo que el género. Con su talento demostró que ella era más que una atracción de circo o una estrategia mediática para llamar la atención. Y ahora que se dirige una vez más hacia el escenario, y su cuerpo tiembla y su voz se quiebra y su mirar se nubla por las lágrimas, lo que importa es su actuación. No los vericuetos confusos de la sexualidad.

En Copenhague, Dinamarca -una ciudad distante, fría, que tal vez para nosotros no diga mucho o nada-, se ha hecho historia. Se rompieron los moldes tradicionalistas de lo físico y sexual. La libertad se elevó y esta mujer ha ganado el evento europeo más importante. Una mujer cuya barba ya nadie nota.   

Congratulations to Conchita, Queen of Europe! (Felicitaciones a Conchita, ¡la reina de Europa!), dice uno de los presentadores para darle paso en el escenario.

−¿Tienes algunas palabras? –le preguntan.

−Sí: este triunfo está dedicado a todos aquellos que creen en un futuro de paz y libertad. Ustedes sabes quiénes son. ¡Somos una unidad, somos imparables!

Termina su discurso levantando en su mano derecha el micrófono de cristal que la acredita como ganadora. Una lágrima estancada bajo su ojo izquierdo brilla. Un público que se desgañita y aplaude corea su nombre y ondea banderas de todas las nacionalidades. También aquellas que representan un arcoíris de diversidad y respeto sexual. La reunificación evolucionó. Las asperezas que ahora se liman no son las de las guerras inútiles: son esas que atentan contra la condición humana.

Este triunfo está dedicado a todos aquellos que creen en un futuro de paz y libertad. Ustedes sabes quiénes son. ¡Somos una unidad, somos imparables!

 

Y una vez más el escenario es suyo para cantar. Para que con su confianza y voz se reafirmé como la ganadora de una velada reñida que dejó a Países Bajos en segundo lugar con 238 puntos. Los únicos abucheos son contra aquellas naciones que pidieron vetar a Conchita Wurst: Ucrania, Bielorrusia y Rusia (esta última infame por sus políticas en contra de los homosexuales). Pero hoy la sexualidad no importa. Es el ser humano quien tras un traje, un cabello, un gesto, un aditamento o lo que sea, vale.

Waking over rubble… Una vez más el fénix se despierta. Esa mujer en el escenario, bajo los reflectores, bombardeada por millares y millares de miradas, ha hecho historia y tal vez no lo sabe. Rise like phoenix… Y con estas palabras que dan nombre a la canción el fuego se reafirma. But you’re my flaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaame…

Sí: ella es la Reina de Europa. El fuego de este fénix llamado Conchita Wurst ha iniciado.