Un hombre enamorado pide la mano de su novia durante la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. Para ello debió viajar en moto desde Bogotá en medio de un inclemente aguacero y hacer otros sacrificios que le merecieron el elogio de los asistentes. ¿Cuál fue la respuesta de la novia?

Por Carolina Vélez Echeverri

Dejando atrás el Salón Humboldt y atravesando el Orquideorama del Jardín Botánico de Medellín, cerca de una tarima que fue testigo de variadas charlas y conferencias durante la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín –realizada a mediados de septiembre en la ciudad–, se sostenía un parlante en el costado izquierdo que dejaba fluir distintas melodías. A su lado, en la parte central, se ubicaba un cartel sostenido por una viga que decía: “July… ¿te quieres casar conmigo?”.

Los transeúntes que pasaban por allí se detenían curiosos y observaban los elementos que hacían parte del escenario. Pero la sorpresa aumentaba cuando encontraban, junto a sus pies, el dibujo de un corazón hecho con pétalos de rosa color carmín y un contorno de velas blancas que delimitaban la silueta. Era un destello de luces titilantes en el piso que alumbraban la noche del sábado.

Poco a poco las personas se fueron aglomerando en torno a la función, con la expectativa de saber si se trataba de un evento casual o de alguna puesta en escena de la Fiesta del Libro.

Los asistentes especulaban sobre lo que estaban a punto de presenciar, sin saber con certeza qué era lo que sucedería. Ya habían pasado unos siete u ocho minutos y las velas empezaban a extinguirse. Algunos se marcharon, otros llegaron, pero la expectativa de quienes permanecían allí estaba intacta.

Hasta que a las 8:35 p.m. el momento se vio irrumpido por una joven que gritó: “¡llegó la novia!”. Inmediatamente el conjunto de personas se movió para ambos costados de la tarima, abriéndole espacio a la recién llegada. Ella, al quedar en todo el centro del tumulto, observó con asombro y en silencio cada uno de los elementos que conformaban aquella sorpresa.

“¡Mi amor!”, exclamó con una sonrisa entre sus labios mientras corría hacia el novio que estaba justo frente a ella esperandola para recibirla entre abrazos. Los observadores comenzaron a aplaudir y en el fondo empezó a sonar aquella canción que para Lenys Aguirre encierra todos los sentimientos que siente hacia su novia Juliana: “Es tu amor”, de Hany Kauam.     

La emotividad comenzó a sentirse entre los familiares que acompañaban a la novia y los desconocidos cómplices de aquel feliz momento, pero nadie sabía aún la respuesta de Juliana. Un miembro del público lanzó una expresión que despertó una mezcla de tensión e intriga: “Y entonces ¿qué le respondió?”. Lenys, desde lo más profundo, tomó aire como si se preparara para entonar una canción, levantó los brazos y exclamó: “¡sí, me dijo que sí!”.

El público celebró la respuesta entre risas y aplausos, pero el espectáculo iba llegando a su fin. Aquellos que nada tenían que ver con la pareja se fueron retirando, mientras el novio sacaba de un estuche de terciopelo rojo el infaltable anillo de compromiso; y de una caja blanca con flores estampadas unas rosas para su próxima esposa.

Juliana y su novio irradiaban felicidad. Lenys Aguirre había logrado apaciguar por fin el nerviosismo que le causaba el momento. Y no era para menos. Este joven bogotano que desde hace dos años y diez meses estableció una relación a distancia con Juliana González, había hecho suficientes maromas para poder llevar a cabo y con éxito su propuesta.

Desde hacía seis meses había estado planeando la pedida de mano de su prometida y pensó que la mejor opción era hacerlo durante la Fiesta del Libro y la Cultura. Para ella ha sido costumbre asistir cada año a este evento, pues estudia español y literatura y siente una gran pasión por la lectura y los libros. Pero sobre todo este espacio tiene una connotación especial: el Jardín Botánico es su lugar preferido de la ciudad.

Comenta Lenys que el hecho de coincidir este día con la fecha de Amor y Amistad -19 de septiembre- le daba un valor más especial. “Al momento de prepararle la sorpresa sentí mucha emoción y nerviosismo, pues quería que todo saliera bien. Había viajado la noche anterior desde Bogotá hasta Medellín en moto en medio de un aguacero, todo para que ella no se diera cuenta de mi llegada”, asegura el novio recordando la víspera del gran día.

Algunos de los familiares de su novia le habían ayudado con los preparativos. También había hablado con su mejor amiga para que  Juliana no se diera cuenta de nada. Ese mismo día en la mañana fue hasta la Placita de Flores, ubicada en el centro de la ciudad, a comprarle las rosas y muy cerca de allí las velas. La familia le ayudó con la elaboración del cartel. Quizá lo más difícil fue conseguir los permisos en el Jardín Botánico. Para ello habló con los organizadores hasta que por fin obtuvo el permiso.

Así fue entonces como se pusieron todos los elementos detrás del telón para dar comienzo a aquella función que captó la atención de tantos espectadores en torno a la celebración de un nuevo componente de aquella fiesta: el amor.

Al finalizar el acto y después de que las velas se apagaron y el éxtasis del momento se apaciguó, con un abrazo y una cruzada de manos Lenys y Juliana se despidieron de aquel espacio que fue testigo colectivo de un nuevo compromiso de amor.