La Fifa es un pulpo cuyos tentáculos se extienden por todo el “perro mundo”. Funciona con estilo mafioso. Soborna aquí y amenaza allá. Saben sus miembros cómo se abren cuentas de fondos ilegales en Suiza, Islas Caimán, Hong Kong, Islas Vírgenes y en múltiples paraísos fiscales.

Por Reinaldo Spitaletta

Sí, tenía razón el extupamaro expresidente uruguayo, José Mujica: “Los de la Fifa son una manga de viejos hijos de puta”. Y también Maradona, que desde 1990 se puso en contra de una transnacional, que funciona como cualquier agencia internacional capitalista, de capitalismo salvaje, además, y sufrió las persecuciones de una entidad que tiene entre sus afiliados más países que la ONU. Y razón tenía el escritor Eduardo Galeano: “La Fifa es el Fondo Monetario Internacional del fútbol”.

La organización supranacional, fundada en 1904, está bajo los efectos de un escándalo universal por malversación de fondos, sobornos, lavado de activos y fraude electrónico, que hasta ahora tiene implicados a catorce de sus miembros. Sin embargo, el maremágnum mediático en torno a las acusaciones realizadas por el Departamento de Justicia de Estados Unidos y el FBI, no alteró la reelección del reyezuelo Joseph Blatter, con trono y corte monárquica en Zúrich.

Bajo la férula del suizo, sucesor del brasileño Joao Havelange, se habla de compra de votos, pago de coimas y otras comisiones raras, el negocio de la reventa de boletos, oscuras negociaciones de derechos de transmisión de mundiales de fútbol, entre otras irregularidades y operaciones clandestinas ilegales. No es extraño que desde hace décadas el fútbol, un deporte popular, que ha tenido visos de arte, pero también de tragedia, se haya convertido en uno de los más lucrativos negocios del orbe. Y la Fifa y sus mandamases lo saben y lo explotan a fondo.

En 1974, cuando llegó al reinado de la Fifa, el brasileño Havelange declaró: “He venido a vender un producto llamado fútbol”. Y así fue. No solo agrandó el negocio multinacional, sino que cambió en cierto modo la geopolítica del fútbol. Amplió la participación de países en el Mundial y metió en el circuito de las plusvalías, a Coca-Cola y Adidas. El capitalismo ha tenido en la Federación una de sus puntas de lanza. En el Mundial del 78, en el que hubo turbias maniobras para que la selección anfitriona llegara a las finales, la Fifa patrocinó las tropelías del dictador argentino Jorge Rafael Videla, un criminal de lesa humanidad.

Blatter, principal acólito del brasileño, lo sucedió en 1998, para regir a 209 países. Un monarca universal. Un regente que sabe que el fútbol hace años dejó de ser una idea romántica para transmutarse no solo en el “nuevo opio” de los pueblos, que también lo es, sino en una cantera de ventas a granel, millonarias transferencias de futbolistas, el negocio de las transmisiones televisivas y un largo catálogo de transacciones comerciales y financieras. Y entre tanto, el reinado de la Fifa parecía intocable. Solo incienso y venias por doquier.

La Fifa, la dueña del circo, está ahora en la cuerda floja, lo que no significa que su esencia cambie. No por ello desaparecerán los grandes magnates que utilizan el fútbol como una de sus productoras de ganancias; no se esfumarán los Berlusconi, ni los Macri, ni los príncipes árabes, a los que les importa un dátil los trabajadores muertos en la construcción de los estadios de Dubái. “La Fifa odia al fútbol y la transparencia”, ha dicho Maradona, quien calificó a Blatter como el “jefe de la mafia”.

El exfutbolista, en una carta publicada dos días antes de que estallara el escándalo de la Fifa, dijo que el organismo rector del fútbol mundial se convirtió en un “terreno de juego para los corruptos” y “bajo el mando de Blatter”, en una “desgracia y dolorosa vergüenza” para los que se preocupan por el fútbol como una expresión cultural y popular.

La Fifa es un pulpo cuyos tentáculos se extienden por todo el “perro mundo”. Funciona con estilo mafioso. Soborna aquí y amenaza allá. Saben sus miembros cómo se abren cuentas de fondos ilegales en Suiza, Islas Caimán, Hong Kong, Islas Vírgenes y en múltiples paraísos fiscales. Conocen cómo penetrar en los estados nacionales y obligarlos a cumplir con sus condiciones, mejor dicho, con sus imposiciones, como ocurrió, por ejemplo, en el pasado Mundial de Fútbol de Brasil.

El fútbol mundial se ha pervertido. Y de ser hace tiempos una suerte de esparcimiento de barriadas, se erigió como un negocio de los más rentables del planeta, en el que caben los métodos del capitalismo salvaje y de la guerra, adobados con los de las mafias. Y de ellos, la Fifa parece ser una experta en su aplicación.